Queremos compartir el texto que escribio Elena Iglesias tras asistir a al experiencia Prometheum:

Hoy no sé dónde se pone el sol. Lo sé, pero no lo sé en realidad porque la conversación me transporta fuera del espacio. Hablamos y reímos mientras traspasamos un muro delante del cual he paseado mil veces, siempre impenetrable a cualquier tipo de acercamiento. Si lo pienso ahora desde mi cama, aún me hace sentir pequeña. En el momento, sin embargo, no soy consciente del acontecimiento, igual que no lo soy de dónde se pone el sol esta tarde.

El camino empedrado se abre en un arco y la luz me paraliza al instante. Si el sol se oculta en poniente, aquí es donde ha querido esconder todo el color que no muestra a los demás: sólo los afortunados pueden verlo, sólo nosotros sabremos apreciarlo.

El espacio de piedra y hierro agradece el abrazo de la luz y de las voces de los que contemplamos asombrados la belleza que intentamos tocar, tímidos, en las columnas y las paredes desconchadas de tiempo.

Silencio. El espacio se vuelve negro un instante. Pólvora. Nosotros.

Un mundo estalla a mi alrededor en la primera nota, en la primera imagen que aparece a mi lado, sobre mí, recordándome que existe una historia que alguien pensó que debía ser contada, y que otro alguien quiso compartir conmigo. Y en este momento amo a quien cuenta la historia y a quién pensó que yo la amaría, porque lo hago.

La historia es en parte mi historia: es la soledad y el amor y la fe; es la vida, pero es sobre todo la música. Es un latido que acompaña al mío, lo sé porque toco mi pecho y son uno.

La voz me ata a la piedra y al polvo bajo mis sandalias mientras la melodía del órgano y del viento se enredan en mi oído. “Cierra los ojos”, me dicen, y ya no hay piedra, ni polvo, ni muros, ni pólvora, sólo un paréntesis de belleza del que alguien quiso que yo formara parte.

Ese nosotros somos tú y yo de la mano mientras la música nos envuelve; nosotros somos las personas debajo de estos arcos, dejándonos rodear de luz; nosotros somos todos, ignorantes e ignorados, mientras acaricio el muro inexpugnable disfrazado de arcoíris tras la puesta de sol en poniente, quiero creer.

Elena Iglesias.
Escritora